jueves, 23 de octubre de 2014

Tokio Blues Noruwei no mori (Norwegian Wood) 2010


DirecciónTran Anh Hung

GuiónTran Anh Hung (Novela Haruki Murakami)

Nacionalidad: Japón

Sinopsis: Adaptación cinematográfica de la novela Tokio Blues de Haruki Murakami. Toru Watanabe recuerda su juventud amorosa y sexual en el Tokio tumultuoso de los sesenta.



Norwergian Wood, que en su edición española se decidió traducir por Tokio Blues, que quizás sonaba más comercial que el clásico de The Beatles, es sin duda alguna una de las novelas más vendidas del escritor nipón Haruki Murakami. Éxito de ventas, parece que el japonés, al igual que el actor estadounidense Leonardo Di Caprio, están condenados a ser el candidato favorito de Internet para ganar el Nobel y el Oscar respectivamente, viéndose año tras años superados por otros colegas de profesión.




Los personajes distantes, intimistas y misteriosos, de los cuales pocas veces se puede adivinar lo que están pensando, llevan mediante diálogos el devenir de un relato adornado por un atmósfera la cual expande Murakami gracias a la lírica de su prosa. No es fácil pues llevar a la gran pantalla la esencia de esta novela, por lo que el director vietnamita Tran Anh Hung, conocido internacionalmente por El olor de la papaya verde (1993), ha decidido traspasarla de una disciplina artística a otra utilizando las herramientas cinematográficas que mejor ha sabido usar en lo largo de su carrera como cineasta.  Los travellings que vienen siendo habituales en él, siguen a los personajes en un seguido de planos secuencia donde los elementos del paisaje, en la mayoría de ocasiones exteriores, dificultan la visión total de los jóvenes protagonistas, incomodando la mirada del espectador y ayudando a empatizar con el molesto silencio que no aclara nada acerca suyo.  La frialdad en las relaciones humanas, así como forma de enfrentarse a ellas, se vive desde una manera distante, fría, como refleja una fotografía donde abundan blancos y azules, convirtiendo escenas de pasión amorosa en un frío intercambio amatorio debido a la iluminación de dichas secuencias.


Tran Anh Hung decide transformar toda la poética literaria en visual, inundando el film de escenas preciosísimas contando con una fotografía prodigiosa que intenta transmitir la belleza melancólica que evoca el recuerdo de juventud, la mirada a un tiempo pasado donde los movimientos estudiantiles y la liberación sexual de sesenta revolucionó un país que sembraba los cimientos de una sociedad futura que superaba la posguerra.



Luis Suñer

viernes, 19 de septiembre de 2014

Soy Cuba (1964)


DirecciónMikhail Kalatozov

Guión: Enrique Pindea Barnett, Evgueni Evtushenko 

Nacionalidad: Cooproducción URSS/Cuba

Sinospsis: Cuatro historias independientes entre sí que narran la transición histórica desde el gobierno de Batista hasta el éxito de la Revolución Cubana.




El semidesconocido director soviético Mikhail Kalatozov, ganador de la Palma de Oro de Cannes en 1958 por la inmortal Cuando pasan las cigüeñas (1957), estrenó en 1964 esta particular visión de la revolución cubana explicada a partir de cuatro historias independientes que ordenan cronológicamente los factores que favorecieron el movimiento revolucionario así como su puesta en marcha. Influenciado por su compatriota Sergei Eisenstein, no realiza un film exaltando la figura de los líderes revolucionarios como podrían ser Fidel Castro o Ernesto Guevara, sino que como podemos ver en Octubre (1927) del mentado Eisenstein, es el pueblo el que se levanta y lleva a cabo una revolución.


Contando con una de las direcciones más virtuosas en la Historia del Cine, con unos movimientos de cámara que si bien no son tan escandalosamente rápidos como en Como pasan las cigüeñas, sirven para movernos dentro del  contexto de una Cuba, la cual se dirige al espectador mediante una voz en off, en plena efervescencia de un deseo colectivo de cambio, nos sumergimos en la primero de estos capítulos. Kalatozov sabe como reflejar el delirio y el componente más salvaje de la noche habanera prerrevolucionaria, un sinfín de derroche, una locura colectiva de alcohol, música y mujeres solo al alcance de los más ricos y de los estadounidenses que vienen a divertirse a la isla. El fluir de este tipo de fiestas parece la versión cinematográfica del desenfreno narrado sobre este tipo de acontecimientos en la novela del cubano Gabriel Cabrera Infante que firmaría tres años después titulada Tres tristes tigres. El episodio termina con unos de los norteamericanos abandonando el poblado de una joven prostituta, descubriendo un mundo nuevo para él, la Cuba real donde los pobres y la miseria sustituyen los casinos y los bares.


El segundo relato, perfectamente engranado con el primero, muestra la vida de estos campesinos que sufren un revés por parte de su terrateniente, del dueño de unas tierras que otros las trabajan y que vende sin pensar en las repercusiones de sus trabajadores. De nuevo vemos la miseria pero en esta ocasión la explotación explícita de los poderosos y la el surgimiento de un espíritu de protesta, el nacer de una consciencia de clase primitiva que decide atentar contra el poder establecido desde la manera más inmediata y poco meditada, la destrucción de la propiedad.

El fuego destructor sirve para enlazar el siguiente acontecimiento. Los jóvenes, los estudiantes, la elite intelectual, despierta mediante el acceso a la cultura. Atenta contra las figuras que representan el sistema asesino y represor.  Se levantan con fervor contra Batista y son por ello duramente reprimidos. Volvemos a ver la influencia de Eisenstein situando una de las escenas cumbre en una escalinata, rememorando la sublevación social y la mortífera represión policial filmada en la escalera de Odessa en la obra universal El acorazado Potemkin (1925), la cual también está presente a la hora de mostrar el homenaje que rinde el pueblo a la figura del revolucionario asesinado por el gobierno.


Por último, acabamos con la represión en la ciudad para volver a evidenciarla en el campo de batalla, donde los soldados detienen a los revolucionarios en busca de acabar con Fidel Castro. Regresamos de nuevo al mundo campesino y vemos el despertar revolucionario a partir de Mariano. El vivir en paz es lo único que motiva a él y a su familia en un contexto de infinita pobreza. No cree en la necesidad de usar las armas para mejorar las situaciones sociales de su entorno hasta que se ve literalmente bombardeado por un gobierno que hasta entonces tan solo lo ignoraba mientras trabajase sus tierras. Surge en él el ideario revolucionario que representa a miles de ciudadanos que ven nacer en sí una imperiosa  necesidad patriótica de cambiar las cosas haciendo por fin posible la ansiada revolución.


Soy Cuba en sin duda un film propagandístico, pero no por ello vamos a dejar de admirarnos por la belleza de su fotografía, el mimo de sus composiciones y su inolvidable dirección. A su vez, resulta una historia magistralmente narrada y un nuevo ejemplo que evidencia el poder del cine como arma propagandística masiva.


Luis Suñer






sábado, 6 de septiembre de 2014

Suicide Club (2002)





Dirección:  Sion Sono

Guión: Sion Sono



Nacionalidad: Japón
Reparto: Ryo Ishibashi, Akaji Maro, Masatoshi Nagase, Saya Hagiwara, Hideo Sako, Takashi Nomura, Tamao Satô, Mai Hosho, Yoko Kamon, Rolly, Kimiko Yo, Katsuhiro Watanabe
Sinopsis: 54 chicas se tiran a las vías del tren. Este suceso es sólo el principio de una serie de suicidios en cadena que se extiende por todo Japón. ¿Tendrá algo que ver el nuevo grupo musical Desert? El detective Kuroda intentará encontrar la respuesta, que no será tan sencilla como él desearía... (FILMAFFINITY)






Algo huele a podrido en Japón. Eso debió de pensar Sion Sono cuando ideó el guión de esta peculiar película titulada Suicide Club, título ya de por sí llamativo, tanto como lo es también la premisa en la que se inicia, 54 colegialas japonesas se suicidan en grupo lanzándose con alegría sobre las vías del tren.


A partir de aquí nos moveremos dentro de una sociedad aborregada por grupos musicales jpop, andrógenos psicópatas contaminados por sus delirios de grandeza y la búsqueda de la notoriedad sobre todas las cosas unido a la dictadura de lo cool que arrastra a la juventud en una marea de violencia exacerbada que desprende litros de sangre que inundan con saña nuestras retinas. Sono no se toma en serio su trabajo, ridiculiza mediante la exageración los elementos perniciosos de la sociedad nipona contemporánea, y es por ello que induce aspectos concretos sobre la irrupción de las nuevas tecnologías en la despersonalización del individuo que busca hallar algo más profundo y verídico que lo que está condenado a vivir en un mundo gobernado por lo vulgar. 


Uno no puede evitar rememorar obras japonesas casi coetáneas como el anime Seriel Experiments Lain (1998) o la obra de Shinji Iwai Todo sobre Lily (2001), la primera por el papel de Internet a la hora de acercar a una preadolescente a un nivel espiritual superior y la segunda, por valerse también de Internet a la vez que de un ídolo musical adolescente para “flotar en el éter”, algo similar a lo que plantea Suicide Club cuando se invita a sus protagonistas, envueltos en un halo de misterio dentro de un trama detectivesca, a conectarse tanto con los muertos como con los vivos, llevando a cabo una honda reflexión sobre su propio estado individual, su relación con los demás y a plantearse si desean permanecer vivos o por lo contrario prefieren la muerte. Se trata de un dilema también tratado, de una manera similar, en el anime ideado por Hideaki Anno Neon Genesis Evangelion (1998).




Suicide Club termina de manera abrupta, despejando algunas dudas y dejando muchas más abiertas, acusando sin piedad a una sociedad enfermiza y regalando al espectador un seguido de imágenes de gran belleza técnica acompañada de temas musicales que saben dotar de poder y significado a las más delirantes y sardónicas escenas.  Algo más que meritorio teniendo en cuenta que es una película que no toma muy en serio a sí misma.
 

Luis Suñer


 

 

martes, 2 de septiembre de 2014

I'm here (2010)




Dirección:  Spike Jonze

Guión: Spike Jonze



Nacionalidad: Estados Unidos  

Reparto: Andrew Garfield, Sienna Guillory, Annie Hardy, Nathan Johnson, David Kramer, Daniel London, Aska Matsumiya, Richard Penn, Quinn Sullivan, Jason Barclay, Michael Berry Jr. 

Sinopsis:
Historia de amor entre robots. El protagonista es un ayudante de biblioteca que lleva en Los Ángeles una vida anodina y rutinaria. De repente, un día tiene un encuentro que le abre los ojos a un mundo de creatividad y de amor. Celebrado trabajo de Spike Jonze que se presentó en Sundance y se proyectó en la Berlinale de 2010, obteniendo muy buena acogida por parte de la crítica. (FILMAFFINITY)






Spike Jonze, conocido por films tan relevantes como la reciente Her (2013), donde Joaquin Phoenix se enamoraba de un sistema operativo cuya voz interpretaba Scarlett Johansson, o Cómo ser John Malkovich (1999), película de culto que alterna una originalísima ciencia ficción con un humor de lo más negro y surrealista, presentó en Sundance en 2010 el mediometraje I’m Here, una peculiar historia de amor entre dos robots.




En una sociedad ubicada en un futuro no muy lejano, tanto seres humanos como robots viven mezclados dentro de la urbe con apenas conflictos entre ellos. La integración es tal que suelen interactuar entre ellos, aunque aun queden atisbos de una época pasada, reflejados en una señora mayor, que vivió la época en la que no existían robots, reprochándoles a éstos que circulen por la vía urbana conduciendo un vehículo.  El paralelismo racial e intergeneracional es evidente.




Sumido en el aburrimiento de lo rutinario, el chico conoce a una chica. Típico inicio de un film romántico cualquiera, salvo que estamos hablando de robots. Robots que se comportan como humanos, tontean como humanos, disfrutan como humanos y aman como humanos. La dirección de Jonze, unido a un seguido de temas musicales edulcorados refuerzan esta emoción, esta capacidad de transmitir un sentimiento tan humano como es el del enamoramiento a partir de dos androides. 




Después el mediometraje se pierde en un seguido de tópicos donde el “hombre” ofrece un rol protector con la “mujer”, algo que desde mi punto de vista podría haber sido al revés tranquilamente, pero con el final del visionado, encontramos unos personajes que derrochan carisma y empatía, un sentimiento y una implicación emocional brillantemente lograda y una amarga tristeza que deja poso, tanto por su belleza como por la magia de transmitir de una manera tan humana un sentimiento tan poderoso como es el del amor.


Un mediometraje de lo más recomendable que podéis ver en versión original subtitulada aquí:




Luis Suñer


 

 


 

 

domingo, 17 de agosto de 2014

Ta'm e guilass (1997) El sabor de las cerezas




Dirección:  Abbas Kiarostami

Guión: Abbas Kiarostami

Nacionalidad: Irán

Reparto:  Homayoun Ershadi, Abdolrahman Bagueri, Safar Ali Moradi, Afshin Khorshid Bakhtiari
Sinopsis:
Un hombre de mediana edad decide suicidarse. Su única preocupación es encontrar a alguien que le ayude y se comprometa a enterrarlo. Esta situación le permite conocer a una gran variedad de personajes. (FILMAFFINITY)







El teheraní Abbas Kiarostami (1940) es uno de lo cineastas más importantes de la Irán posrevolucionaria. Cuenta con una intensa filmografía la cual ha sido elogiada y galardonada, como es el caso de El sabor de las cerezas, película que logró la Palma de Oro en Cannes en el año 1997.


Un hombre deambula por los alrededores de una gran ciudad con su coche. Las carreteras no están asfaltadas, el paisaje es árido y desértico.  Algunos individuos suben al vehículo. La cámara enfoca el perfil del conductor que mira la carretera, al acompañante que mira a su interlocutor y los exteriores donde a un ritmo pausado, el Long Rover toma un sinfín de curvas con casas y trabajadores de fondo. La fotografía de la película es excelente, las actuaciones convincentes y el guión no se queda atrás. El señor Badii le pide a un joven militar que haga el favor de enterrarlo una vez este se suicide. El joven tímido se cierra en banda. Badii intenta persuadirle mediante el dinero pero el miedo es más poderoso. Badii reflexiona con aquellos con los que interactúa, los hay con quien habla de los movimientos migratorios debidos a los infortunios de la guerra y con otros, como el segundo chico al subir al coche, sobre los problemas teológicos que implica el suicidio y el dañar a los demás. La dimensión religiosa y filosófica que toma la película en este tramo se ve superada con el tercer copiloto. Ya no es un joven militar ni un seminarista, es un hombre mayor que conoce lo mejor y lo peor de la vida. La voz de la experiencia de este hombre, junto al delicado uso de los tiempos y el pacificador aroma que desprende el paisaje, transforma el film en una poesía visual, un canto a la vida, una introspección a lo más profundo del alma pero a la vez a lo más simple. Decide tomar el camino más largo cuando este le ofrece acompañarlo a su lugar de trabajo. Una metáfora de las diferentes bifurcaciones que toma la vida, en el que el camino corto no es siempre el más bonito, en el que pararse a pensar y a disfrutar del camino largo puede hacerte comprender lo valioso que es la vida. No se niega a ayudarle, prefiere que sea él mismo quien tome la decisión adecuada e intente solventar sus problemas consigo mismo y sus allegados.



Llega la noche y el señor Badii lo tiene todo atado. Sólo ha de decidirse a dar el último paso. Le pesa sobre su consciencia todo lo que ha oído de aquel hombre, pero no quiere atender a razones. Divisa la Luna en lo alto del firmamento, los sonidos de la naturaleza. La pantalla se vuelve negra y los sonidos poco a poco se diluyen.


Epílogo. Un insignificante hombre más acaba de morir asqueado de la insoportable pesadez de la existencia. En su autoconciencia es un acto de bondad para no herir a sus seres queridos, se encuentran en paz consigo mismo y con Dios. La vida continúa, el mundo sigue siendo mundo, y cada uno sigue aportando su granito de arena a éste, aunque sea haciendo una película sobre aquel hombre que decidió bajarse de un largo viaje dando vueltas en coche sobre el mismo sitio, metáfora de la vida perdida y estancada del iraní moderno.

Luis Suñer

 




viernes, 15 de agosto de 2014

Kagemusha 1980




Dirección:  Akira Kurosawa

Guión: Akira Kurosawa & Masato Ide

Nacionalidad: Japón


Reparto:  Tatsuya Nakadai, Tsutomu Yamazaki, Kenichi Hagiwara, Daisuke Ryu, Masayuki Yui, Toshihiko Shimizu
Sinopsis: En el Japón medieval, devastado por las guerras feudales, un vulgar ladrón es elegido para sustituir a un poderoso señor de la guerra, que acaba de morir. (FILMAFFINITY)







La última etapa del director nipón Akira Kurosawa (1910-1998), tras lograr traspasar las fronteras y ser un director de referencia en medio mundo por sus películas realizadas entre los años 50 y principios de los 60, estuvo lastrada por una terrible depresión que sufrió y que casi lo llevó al suicidio. Parte de todo este pesimismo se puede observar en el carácter taciturno y apesadumbrado de algunas de sus obras posteriores. Sintiéndose poco valorado como profesional, las productoras japonesas no querían financiar sus nuevos proyectos. Es por ello que sus colegas norteamericanos, grandes admiradores de su obra, tales como George Lucas, Steven Spielberg o Francis Foid Coppola, decidieron producir sus nuevos films. Gracias a ellos pudo llevar a cabo obras de grandísimo presupuesto como Kagemusha (1980), Ran (1985) o Dreams (1990).



Kagemusha, Palma de Oro en Cannes en 1980, es una especie de preludio de Ran, donde se muestra con una tristeza estética el drama de la guerra, la fe ciega y la fuerte jerarquización reinante. La voluntad humana es aniquilada en pos de la unión del clan y el interés común de los líderes de la guerra. La importancia de la vida humana pierde cualquier atisbo de valor siempre y cuando no sea quien tenga que guiar a los demás.También intenta incidir en la relación familiar entre padre e hijo, la presión de los militares, del nombre de la familia y el clan y la frustración recogida durante años por un gozar de un talento no reconocido.


Tanto el ladrón, eterno Tatsuya Nakadai, que es usado como doble del fallecido líder del clan como el hijo de éste son personas usadas sin tener en cuenta jamás sus propias emociones o sentimientos respecto a lo que pasa, no son valoradas por lo que son sino por el papel que están obligados a desempeñar. Ambos son dos partes del mismo hombre, de Akira Kurosawa y la tristeza que le invadía casi diez años después de su intento de suicidio.




El japonés saca matrícula de honor en el aspecto técnico del film, donde la fotografía, usando un colorido vivo a la vez que abatido, ayudado de la magnífica dirección coral de actores, es todo un prodigio y un deleite visual. La banda sonora que en un inicio parece algo desubicada, con reminiscencias del western clásico,  acaba por desempeñar un importante papel a la hora de reforzar la emoción dentro de las escenas con más tensión dramática del film. También es destacable el acompañamiento musical con el colorido de las escenas oníricas y fantasiosas.

Luis Suñer



 


 

viernes, 8 de agosto de 2014

Conversaciones con Akira Kurosawa






Rompiendo con la tónica general del blog, hoy en lugar de tratar los aspectos que más me han llamado la atención de una película en particular, he decidido abrir una entrada acerca de un libro. Este mismo año se acaba de publicar en España Conversaciones con Akira Kurosawa, algo más de cien páginas que nos ayudan a conocer todavía más al que quizás sea el director japonés más importante de la Historia, sin menospreciar a Kenji Mizoguchi o a Yasujiro Ozu.





Akira Kurosawa (1910-1998) supuso en los años cincuenta un punto de inflexión hacia la internacionalización del cine japonés con películas como Rashomon triunfando en Venecia o Los siete samuráis llegando a los cines de Europa y Estados Unidos. Su concepción de los tiempos y el uso de tres cámaras para filmar las batallas, así como el ralentí para dotar de elementos épicos escenas cumbres, son solo parte del legado que este director dejó para la posteridad, revolucionando el lenguaje cinematográfico y siendo una gran influencia para directores estadounidenses.

En este libro, Donald Richie, importante norteamericano estudioso de la sociedad y el cine japonés, comenta con el director nipón sus inicios como realizador, desde sus primeras obras hasta Yojimbo (1961), a la vez que tratan sobre el éxito de estos films.


La segunda de estas entrevistas, ya realizada en el año 1993, corre a cargo del también director japonés Nagisa Oshima, conocido internacionalmente por, entre otros films, El imperio de los sentidos (1976), película que muestra totalmente desnuda la sexualidad como eje de una narración, convirtiendo su trabajo en uno de los más polémicos de la Historia del Cine teniendo en cuenta su contexto histórico.

En dicha entrevista entre colegas de gremio, Oshima realiza una exploración más enfocada al empleo de director. Mientras que Donald Richie también abarcaba temas más personales y biográficos, Oshima decide preguntarle tan solo por su faceta como director de cine. Gracias a ello se puede conocer sus inicios como ayudante de director y escritor de guiones y cómo llegó posteriormente a ser el director internacionalmente conocido que es en Agosto de 1993.





La última entrevista, mucho más corta pero no por ello menos interesante, incluso lo contrario, corre a cargo del Premio Nobel de Literatura el colombiano Gabriel García Márquez. En ella hablan de la penúltima película de Kurosawa, Rapsodia en Agosto (1991). En dicha película, una abuela que sobrevivió al lanzamiento de la bomba atómica en Nagasaki recibe a sus nietos en verano. Se crea una reflexión sobre lo que supuso el lanzamiento de dicha bomba, su impacto intergeneracional, tanto físico como memorial, así como la reacción de los demás países hacia el país nipón. Dicha película molestó a sectores estadounidenses al criticar tan duramente la medida tomada por el gobierno americano en 1945. García Márquez consigue sacar a relucir el descontento y la denuncia de Kurosawa con el país que llevó a cabo tal medida y su notable enfado por el hecho de no haber pedido disculpas por ello.



Conversaciones con Akira Kurosawa es un libro pequeño, de fácil lectura y que ayuda a profundizar todavía más en la mente del gigante japonés. Una buena lectura de verano que bien ayudará a revisar algunos films o ver los que aun tengáis pendientes, como es mi caso, que en breves veré Kagemusha.


Luis Suñer